Lectura de una Pequeña Casa

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“UNA PEQUEÑA CASA”
Enseñanzas de Le Corbusier
TEXTOS DE CATEDRA: ARQUITECTURA 2D/FAUD/UNC
Por Celina Caporossi (2012)

Ediciones Infinito publicó en 2008 la versión en castellano de “Une petite maison”, de Le Corbusier. El libro relata la historia de una pequeña casa que el arquitecto proyectará en 1923 para sus padres, frente al lago Leman, Suiza.
Escrito en 1954, cuando LC ya había desplegado su genio en el mundo proyectando sus mejores obras de escala (durante la década del 50 se gestaron la Unidad de Habitación de Marsella, Chandigarh, la Tourette, entre otras), el libro –en clara sintonía con otro texto suyo de 1942, “La casa de los Hombres”- produce un movimiento hacia un espacio mucho más
íntimo y referencial.

Una pequeña casa es un pequeño gran texto. Amable, de escritura sencilla y emotiva, no exento de humor, su lectura entusiasma. Es precisamente en esa operación narrativa hacia lo mínimo que el texto adquiere, leído hoy desde los ámbitos académicos, un carácter pedagógico diferencial. En muy pocas páginas y en una lectura de imágenes, enfoca la mirada reduciendo intencionalmente la escala -en este sentido su título no parece casual- para dejar en evidencia la complejidad de las decisiones que involucran el pensar y hacer arquitectura.
Casi contestatario y anti-canon, en contracorriente con la mega arquitectura y muy lejos de la banalidad, parece guardar un mensaje latente, restableciendo ciertas coordenadas disciplinares necesarias. Sin discurso ni arquitectura grandilocuente, es la reivindicación de la “búsqueda de una arquitectura decente”. Y decente parece ser en definitiva
una arquitectura consecuente con su lugar y su época, aún a pesar de sus contemporáneos (dirá en el texto) que no comprenden la “nueva arquitectura”.

Lo que atrae del texto es la construcción de una mirada teórica sobre la arquitectura desde el relato minucioso de una casa. En definitiva, no deja de ser la memoria descriptiva de una casa de 60m2, sobre la que LC articula un discurso sobre la dimensión de la arquitectura. El mecanismo narrativo es casi de cirujano, diseccionando lo esencial para diferenciar lo secundario. En esta operación no solo reubica el punto de vista: lo que en una primera impresión es obvio, deja de serlo con una lectura más atenta.

Así se articularán, pequeñas grandes lecciones sobre la observación, sobre el paisaje, sobre el clima, sobre la arquitectura, sobre el territorio. Sobre el dato fáctico al servicio de las ideas. Sobre el trascurso del tiempo.

La casa es de apariencia simple, el proceso de proyecto es complejo. Leer Una pequeña casa es entonces un excelente disparador –y un motivador- de ideas y reflexiones sobre la arquitectura que hacemos, como y porque la hacemos. Aquí van algunas de estas lecturas, apenas esbozadas, pero que guardar el objetivo de sugerir en los futuros lectores
de esta “pequeña casa” otras lecturas posibles sobre este gran texto.

Primera lectura. Un territorio y una casa…

Como las cajas chinas, el territorio contiene a la casa, y la casa al territorio. Independientes, establecen una relación topológica; la idea de la “casa” existe a priori y va en busca del lugar que la contenga y determine. El territorio, a su vez, parece en espera de la arquitectura que lo complete y transforme.

El clima, el viento, la luz, el agua, las visuales, los caminos son elementos del lugar que la arquitectura aprovecha, “sol, espacio, verde…conquistados”, los puntos que conectan la casa con el medio natural a la vez que lo organizan, consiente de su artificialidad. Su artificialidad no se oculta, no se solapa, aún a costa de traspasar o forzar los límites –la casa se pega al lago, el agua filtra-.

Una cuestión de escalas
Objeto y lugar se entraman sin perder cada uno su carácter; cada escala confirma la elección, no importa cuan pequeña sea la arquitectura. Una geografía mayor: un amplio territorio: un lugar: una pequeña casa. La arquitectura se asume, se hace responsable, importante, no por escala sino por “ser” y “pasar a ser” parte integrante del mundo artificial y natural.

Segunda lectura. Al paisaje se lo re-crea.

Las estrategias concientes
“Para que el paisaje cuente hay que limitarlo, dimensionarlo mediante una decisión radical: hacer desaparecer los horizontes levantando muros y descubrirlos únicamente en algunos puntos estratégicos, por interrupción del muro”, sino, dirá LC, un paisaje omnipresente en todas las caras, termina cansando y no se lo “mira” más. En ese continumm abierto que es el paisaje –podemos imaginar una superficie continua, infinita-, la arquitectura es muro, y el muro es límite.
Como el mago que oculta el truco, el límite es el recurso artificial que posibilita manipular el espacio. Obturación o apertura. Y nos hace recordar ese otro operativo espacial, el de Mies Van de Rohe: el espacio emerge por la disposición precisa de los límites, conteniendo o expandiendo el vacío. Direcciona la mirada y determina la condición primitiva de la necesidad de “un espacio para el hombre”.

El jardincito es más que un ámbito
Cuadrado, de 10 metros de lado, el jardín quedó “enclaustrado” entre los muros…, convertido en una sala de verdor -un “interior”. Y aquí “interior” encierra también otro significado, un espacio propio para el ser humano, recreado para satisfacer y único en sus cualidades. Con los límites organiza, en forma predeterminada, unas ciertas condiciones de “lugar” y la percepción que tenemos del mismo.

La arquitectura es entonces ámbito del hombre y paisaje previo. Una ventana desde donde observar el paisaje abierto, ponerlo en perspectiva. La naturaleza, junto a esa primera visión lógica y racional, también se compone entonces de los pequeños y “sutiles cambios de luz que se manifiestan a través de una ventana, del crecimiento silencioso de los árboles, del profundo azul del mar”.

Tercera lectura. El hombre tiene escala, proporciones y medidas.

La arquitectura no es naturaleza, no pretende serlo. Se posa, roza, se ubica, se entrama, dialoga. Pero no es naturaleza, es puro artificio. La casa, bajo el concepto de “máquina de habitar”, establece su clara pertenencia al mundo de objetos artificiales que el hombre construye. “Medidas precisas y mínimas para funciones específicas” serán síntesis y virtud. “El hombre ve las cosas de la arquitectura con ojos que están a un metro setenta del suelo” (Vers une Architecture), punto de vista que le permitirá la puesta en juego de un conjunto de operativos –conscientespara crear espacio. Una columna metálica que organiza un increíble ángulo recto con el lago. Una ventana de 11 metros que “jerarquiza el ingreso”
alternado las proporciones. Una ventana corrida como principal actor de la fachada.

Cuarta lectura. El sentido del movimiento.

LC concibe un espacio con un recorrido. Una circulación con sentido y secuencia narrativa. Recorrido que en “Una pequeña casa” se hace explícito; será el mismo LC quien a modo de anfitrión nos propone una visita guiada sobre cada plano secuencia. Esta operación espacial central en su arquitectura, la promenade architecurale, planteada como superación al orden espacial estático del siglo XIX, parece recuperar el espacio clásico procesional que nos ha dejado de
lección la arquitectura de la Grecia antigua ‘el santuario de Delfos es tal vez uno de los ejemplos más sutiles-. El arquitecto compone y manipula el espacio, orientando, obturando los límites, quebrando la mirada del observador. Un travelling con secuencias montado sobre el recurso del recorrido. En el desplazamiento se van produciendo las diferentes impresiones del espacio; es la visión y la manipulación consciente de la perspectiva la que establece la relación entre el visitante-observadorhabitante y el espacio arquitectónico. Vista así, la arquitectura adquiere otras dimensiones y supera el mero uso para convertirse en una experiencia vivencial.

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